En el duelo entre Atlético e Independiente Rivadavia pasó de todo. El 2-1 final a favor de “La Lepra” estuvo atravesado por un diluvio y una interrupción de casi 50 minutos. El “Decano” logró empatar un partido que se le había hecho cuesta arriba y hasta incluso estuvo cerca de ganarlo en el segundo tiempo. Sin embargo, se vuelve de Mendoza sin nada en el bolsillo.
El duelo comenzó con muchas dificultades para el conjunto tucumano. El equipo no lograba hacer pie; presionaba arriba pero no recuperaba, y aunque metía mucha gente en campo rival, no lograba dañarlo. Para colmo de males, el equipo lució inofensivo a la hora de crear situaciones de tres cuartos de cancha hacia adelante.
Lo peor de todo es que sufría mucho en defensa. En esos primeros minutos quedó más de una vez mal parado ante los contraataques rivales, hasta que finalmente llegó el gol de la “Lepra”.
Gabriel Compagnucci perdió su marca, los centrales salieron a cortar a destiempo y Matías Fernández, con un gran control y una mejor definición puso a los mendocinos por encima en el marcador.
Después del tanto, la tónica se mantuvo similar. Atlético seguía quedando expuesto y el mediocampo no podía hacerse eje del partido. El penal que anotó Leandro Díaz, tras una gran jugada individual de Ignacio Galván, fue agua en el desierto para el “Decano”.
Con el empate, lo mejor que le podía pasar al equipo de Hugo Colace era llegar al descanso con la igualdad para reacomodar las piezas. Y así fue.
Diluvio y parate
Sin embargo, a los 47 minutos, la noche tuvo un giro inesperado. Un diluvio cayó sobre la “Catedral del Parque”, sumado a un corte general de luz que obligó a interrumpir el partido por más de 50 minutos.
Parecía que el partido se supendía. Cayó granizo, las descargas eléctricas eran cada vez más intensas y para colmo la luz dijo basta en el estadio y en sus alrededores. Pero no hay mal que dure 100 años. Todo se acomodó y el duelo pudo continuar y terminar.
Al reanudarse el encuentro, con el campo de juego en muy buenas condiciones pese a la cantidad de agua que había caído, Atlético salió como un equipo nuevo; revitalizado. Dejó atrás la cara opaca de la primera mitad y comenzó a generar peligro.
Colace movió fichas: paró a Ezequiel Ham de ‘5’ y corrió a Kevin Ortiz de interno, quien había estado visiblemente incómodo en la primera etapa. Además, Franco Nicola ingresó por derecha en lugar de Ramiro Ruiz Rodríguez, que hasta ese momento había tenido una discreta actuación.
Y partir de ahí, el “Decano” fue muy superior a su rival e hizo méritos para llevarse el triunfo. Dañó muchísimo por las bandas y tuvo cuatro ocasiones claras de gol. Lo tenía contras cuerdas a Independiente y parecía que lo podía ganar. Pero no.
No obstante, a falta de 15 minutos para el cierre, la “Lepra” tuvo su primera llegada al área rival del segundo tiempo, y Atlético lo pagó caro.
Tras una serie de rebotes, Alejo Osella empujó una pelota que dejó dudas sobre si ingresó por completo en el arco de Luis Ingolotti. Todo Atlético protestó, pero no hubo caso. Brian Ferreyra convalidó el gol y ahí el juego se terminó. El “Decano” ya no tuvo fuerzas ni ideas para revertir la situación.
De esa manera, de la tierra del sol y del buen vino, el “Decano” regresa a Tucumán con mal sabor de boca.
Tuvo un flojo primer tiempo, del cual Colace debe sacar conclusiones y tratar de corregir los defectos, y un muy buen segundo tiempo, que puede ser un horizonte sobre el cual construir.
Pero más allá de todo, Atlético arrancó el año con una derrota y de esa manera extendió una racha negativa de visitante, en donde no gana desde comienzos del año pasado.